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Tenemos más acceso a información, pero nos estamos volviendo más distraídos, lo cual anula completamente sus beneficios

Tim Wu es profesor de leyes de la Universidad de Columbia, pero su especialidad son las telecomunicaciones. Wu acuñó el término “net neutrality” y se ha convertido en uno de los más lúcidos analistas de los efectos que tiene la tecnología en nuestra sociedad.

En su reciente libro The Attention Merchants, Wu traza la historia de la industria de la atención, es decir, de las empresas y negocios que se dedican a captar la atención humana para vender anuncios o, más recientemente, para extraer datos. Esto tiene sus orígenes por lo menos en la década de 1830 en las publicaciones sensacionalistas de ciertos diarios y alcanza su maduración, por supuesto, en Internet y la economía de la atención.

Wu se basa en la observación del Premio Nobel de Economía, Herbert Simon:

En un mundo rico en información, la riqueza de información significa carencia de otras cosas: una escasez de aquello que esa información consume. Lo que la información consume es un tanto obvio: consume la atención de sus receptores. De aquí que la información crea una pobreza de atención que necesita ubicar esa atención eficientemente entre la sobreabundancia de fuentes de información que pueden consumirla.

Esto recuerda lo que ha dicho Alan Wallace, maestro de meditación budista, de que un diagnóstico general de la sociedad moderna muestra que todos tenemos déficit de atención, esta es la consecuencia de la hiperestimulación a la que estamos sujetos. Nunca antes había habido tantos estímulos.

Merece reflexionarse —y quizás no sin preocupación— en torno a esta idea de que existe una relación bidireccional entre la información (especialmente cuando es presentada en estímulos agresivos) y la atención, siendo ambos recursos finitos. La información demanda nuestra atención y cuando somos cautos y no se la damos, desarrolla técnicas sutiles y burdas para pescarnos. Hasta hace poco se creía popularmente que más información siempre era equivalente a un beneficio —hoy cada vez es más claro que la información debe saberse filtrar y desechar para liberar espacio—. Para poder movernos con dominio en esta pecera digital debemos aprende a cultivar y controlar nuestra atención, lo cual significa, en parte, renunciar al exceso de información.

Estas son las características que comparten las mujeres psicópatas

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/08/2018

El DSM-V –en inglés, 'Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders'– explica que existen diferencias conductuales de psicopatía entre hombres y mujeres –las cuales permiten que estas últimas puedan camuflarse en el radar de la sociedad–

Alex DeLarge, Patrick Bateman, Sherlock Holmes, son personajes famosos y ficticios reconocidos por sus latentes rasgos de psicopatía, mientras que Annie Wilkes, de Misery (1990), o Alex Forrest, de Fatal Attraction (1987), son mujeres con la tenebrosa etiqueta de femmes fatales. Sin embargo, de acuerdo con diversas investigaciones de teorías de la personalidad, las mujeres también poseen rasgos psicópatas –aunque, eso sí, en menor incidencia poblacional que los hombres–.

El DSM-V –en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders– explica que si bien existen diferencias conductuales de psicopatía entre hombres y mujeres –las cuales permiten que estas últimas puedan camuflarse en el radar de la sociedad–, ambos sexos pueden llegar a ser igual de peligrosos y tóxicos a nivel personal y social. Entre sus principales rasgos o síntomas se encuentran:

– la ausencia de empatía, culpa o remordimiento por sus acciones negativas,

– la incidencia de manipulación y fraudes/engaños,

– irresponsabilidad y desinterés tanto por las convenciones sociales como por las leyes,

– son socialmente encantadores, pues saben actuar –mas no sentir– las emociones humanas, tales como amor, miedo, remordimiento, etc.,

– impulsividad

– adicción a la adrenalina.

 

En términos de datos estadísticos, las mujeres con rasgos de psicopatía son entre el 11 y el 17% de la población global de las prisiones –mientras que los hombres constituyen entre un 25 y 30%–. Esto podría justificarse asumiendo que las conductas de las mujeres suelen ser verbalmente más agresivas y, por lo tanto, se considera que cometen menos crímenes violentos que sus coetáneos hombres. De hecho, en los casos de mujeres que han sido diagnosticadas con trastorno de personalidad antisocial con rasgos psicópatas en la vida real, los síntomas se van evidenciando desde los años de la infancia y adolescencia. Los especialistas en psicología y psiquiatría aseguran que las mujeres psicópatas son:

– narcisistas –como jactarse en exceso de uno mismo– y dominantes,

– carecen de empatía, remordimiento y responsabilidad frente a las propias acciones,

– violentas tanto física como verbalmente,

– impulsivas, celosas y con actitudes parasitarias –vivir a expensas de otros–,

– hacen uso de encantos físicos o sexuales a cambio de favores o control sobre otros,

– manipuladoras…

 

Aunque existe muy poca información y bibliografía al respecto, pues como se mencionó anteriormente hay una baja incidencia de psicopatía en mujeres –o al menos, que se haya investigado–, se sabe que las mujeres psicópatas pueden llegar a cometer crímenes de múltiples categorías (robos, narcóticos, asaltos), así como relacionarse exclusivamente para poseer el dominio sobre otros y sacar beneficios al respecto.

En conclusión, las mujeres psicópatas, manipuladoras y sin empatía humana, pueden llegar a causar mucho daño no sólo a nivel emocional sino también a nivel social. Para ellas (y también para ellos) se trata de un estilo de vida que no puede ser vivida de ninguna otra manera y, en consecuencia, los vínculos pueden llegar a ser enfermizos y superficiales. Es decir, no saben ser de otra manera –un rasgo importante para distinguir a este de otros trastornos e incluso rasgos de personalidad–. ¿Conoces a mujeres así?