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Eres lo que lees o por qué es importante la calidad de la lectura

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 11/27/2017

La lectura debería ser una acción deliberativa, de plena conciencia en el aquí y el ahora

Un cuento infantil favorito, una historia inspiradora, una novela extraordinaria, son sólo algunos ejemplos de narrativas que pueden ejercer un cambio significativo en las personas. Por ello no es novedad que múltiples estudios científicos demuestren los beneficios de la lectura a nivel físico, psicológico y emocional. A veces el cambio puede suceder sutil e inconscientemente; otras, sorpresiva y trascendentalmente. Pero en pocas ocasiones nos damos cuenta de la intensidad con que la lectura determina en quiénes nos convertimos. De acuerdo con los lingüistas, la influencia de la lectura se debe principalmente al lenguaje, al cual se le considera la herramienta básica de comunicación e interacción social, de construcción y organización del conocimiento y de adaptación de la realidad en función de la percepción. Es decir que la información absorbida por nuestros ojos al leer crea consciente e inconscientemente modelos lingüísticos sobre el savoir-faire del mundo y la mejor manera de sobrevivir en él. Por tanto, altera los patrones cognitivos e influye en la toma de decisiones a futuro; por ejemplo, en la producción de las labores, la calidad de los vínculos afectivos, la priorización de los deberes y placeres, la diferenciación entre ser y tener, o la capacidad de disfrutar de la soledad. Se trata, en otras palabras, de generar un cuidado de la mente como del cerebro. En consecuencia, no es sólo importante leer sino también lo que se lee. El consumo de literatura intelectual y culturalmente enriquecedora es el responsable de generar nuevas conexiones neuronales que a su vez fortalecen cada sistema corporal y expanden el entendimiento de la realidad. No se trata de la cantidad de libros que se leen al año, sino de la calidad de la literatura que se consume en el mismo lapso. Por ello, es recomendable comprender la lectura como una acción deliberativa, de plena conciencia en el aquí y ahora. De este modo, podría equilibrarse el tiempo que se pasa dando scroll en las redes sociales, se juegan videojuegos en consolas o teléfonos celulares, se ven programas televisivos, se realizan excursiones en la naturaleza, se sale con familiares o amigos, y se consume literatura de calidad intelectual, cultural, etc. Sólo así el cerebro y la mente se adaptarán al tipo de información y estímulos que se les brinde. Para hacerlo, el objetivo es convertir a la lectura en una actividad no intencional -como si se tratase del café de cada mañana o la rutina que ayuda a llegar al trabajo-. Al final del día, la calidad de la mente depende principalmente de la información que se consume.

De acuerdo con varios estudios en relación con el enamoramiento, el viejo y nuevo paradigma del amor y los vínculos amorosos, hay una serie de conductas que pueden facilitar una inminente ruptura si no se solucionan

La complejidad de las relaciones puede llegar a ser abrumadora. A veces puede desencadenar fuertes y violentas peleas; en otras, simplemente un distanciamiento emocional y dificultades de comunicación; y hay ocasiones en que puede promover el aprendizaje mutuo para mejorar la relación hasta el fin de los tiempos. Sin embargo, la repetición de ciertos patrones puede desembocar en una ruptura dolorosa, caótica y triste.

De acuerdo con varios estudios en relación con el enamoramiento, el viejo y nuevo paradigma del amor y los vínculos amorosos, hay una serie de conductas que pueden facilitar una inminente ruptura si no se solucionan. Te compartimos a continuación una lista de los factores que pueden conllevar una ruptura o un divorcio:

– Casarse durante la adolescencia o después de los 32

Según Nicholas H. Wolfinger, autor de una investigación en la Universidad de Utah, en EEUU, existe una aparente correlación entre la edad, el divorcio y el riesgo de divorcio: “Mientras más mayor, más bajas son las posibilidades del divorcio”. Sin embargo, de acuerdo con sus datos, los adultos mayores a 32 años poseen un alto riesgo de separación en comparación con aquellos que se casan o viven en pareja desde la segunda mitad de sus 20. Esto sucede porque, durante la adolescencia, el primer amor suele venir acompañado de celos, inseguridad, presión de padres y amigos, dudas sobre el futuro escolar o profesional y poco desarrollo de herramientas para vivir en pareja y alcanzar un bienestar común; mientras que la adultez (pese a que en dicha etapa se posee un mayor nivel de madurez y estabilidad económica) se relaciona con un mayor asentamiento de la personalidad y patrones de conducta que dificultan los acuerdos de convivencia.

– Uno de los dos no posee un trabajo de tiempo completo

Según un estudio realizado por Alexandra Killewald, de la Universidad de Harvard, el exceso de tiempo de ocio se relaciona con una alta incidencia de divorcio o ruptura. Es decir que al no enfocar su tiempo, energía y esperanzas hacia un proyecto personal, muchas de las personas que se enfrentan al desempleo pueden presentar síntomas de depresión y serios conflictos en la relación de pareja. Hay quienes relacionan este factor con la infidelidad.

Además, Killewald encontró que 2.5% de las personas cuya pareja –principalmente el hombre– no posee un trabajo de tiempo completo, pasa por un divorcio o separación al año.

– Tener los estudios truncados (principalmente, desde la preparatoria o instituto)

Usando la información de la National Longitudinal Survey of Youth de 1979, existe una correlación entre matrimonio, divorcio y educación. Si bien, aceptan los autores, los datos están marcados por edad, género, raza –principalmente de origen hispánico– y nivel educativo, se encontró que una pareja con un alto nivel educativo tiene mayores probabilidades de permanecer juntos –en comparación con una pareja con diferentes o nulos niveles educativos.

– Tener actitudes de desprecio, críticas, actuar a la defensiva o hacer la “ley del hielo”

En una investigación longitudinaria –de 14 años de duración– a 79 parejas de EEUU, hecha por la Universidad de California en Berkeley, se demostró el efecto negativo de estas conductas en la relación de pareja a largo plazo. A la larga , tales comportamientos producen consecuencias psicoemocionales en la persona que recibe el desprecio, las constantes críticas, la poca comunicación y las agresiones psicológicas, verbales o físicas. Eso incluye huir durante los conflictos o peleas, sin lograr una comunicación empática y asertiva.

Por otro lado, existen actitudes que promueven la duración de la relación de pareja; por ejemplo: el cariño mutuo, una actitud proactiva en relación con la unión de un “nosotros”, la atención y la comprensión de la pareja, cumplir los acuerdos establecidos en la relación, realizar proyectos personales que les apasionen y poder compartirlos para sentir el apoyo mutuo, entre otros.